En Reddeportiva.net queremos insistir en la necesidad emprender una Revolución Cultural, entendida como la modificación intencional del sistema de valores sociales, como parte de la solución a los problemas del país. El objetivo de dicho sistema es el alcanzar una escala de valores adecuada al momento histórico y sostenible en el tiempo, que sea capaz de crear un centro político en que el compromiso, la lealtad y la integridad, en su sentido más profundo, ocupen un lugar preferente.
Consideramos oportuno decir que el gobierno actual tiene enfrente un reto muy grande y de una complejidad extrema, comparable con aquel que enfrentó Alberto Fujimori cuando le tocó superar las dificultades del terrorismo y la hiperinflación, en el marco adverso de una situación nacional de insolvencia tanto financiera como económica; así como otra internacional caracterizada por una soledad generalizada, generada por gobiernos nacionales autárquicos en los 22 años anteriores.
A diferencia con el gobierno de 1990, el gobierno de Keiko Fujimori deberá superar la debilidad de un estado inmerso en una situación de caos intencional y de una sociedad fragmentada y desorientada en el marco adverso de una situación nacional de agudas diferencias tanto en la movilidad social como en la distribución de oportunidades, cuyo punto de partida lo marca un inconsulto proyecto de regionalización del país, seguido de un proceso de copamiento del poder en que unos fueron los corruptos y otras las víctimas; así como otra internacional caracterizada por una franca intervención política desde el exterior buscando imponer un modelo cultural anti familia, de fomento del doble patrón de conducta y de agudización de las contradicciones, que está quedando atrás en un entorno de profunda incertidumbre generada por cambios en el orden mundial.
Estas fundamentales diferencias, en el entorno social, político y económico de ambos momentos, conducen al nuevo gobierno a repensar las acciones a emprender porque, no siendo repetibles muchas de las medidas ejecutadas por el último gobierno del siglo XX, está obligado a pensar en términos del siglo XXI.
Aunque todavía no se conoce en toda su extensión la catastrófica herencia recibida por el nuevo gobierno, hay la certeza que tenemos por delante un campo de acción de grandes y urgentes cambios que compromete todos los recursos de los que dispone la nación. Lo dicho no significa que no habrá personas que se opondrán al nuevo proyecto social. Siempre habrá quienes se opondrán al desarrollo de nuevos ideales e iniciativas. Lo importante es estar convencidos de que el modelo de gobierno de la alianza extrema ya se agotó, que los extremos del espectro político están quedando abandonados y que el beneficio de todos será consecuencia tanto de una actitud de colaboración de la mayoría, como de una oposición leal con el país.
Regresando a la complejidad del momento que estamos viviendo, debemos decir que se hace necesario que los peruanos aceptemos la idea de que nuestro país, en el pasado, ha realizado grandes cambios sociales que nos colocan en una posición ventajosa para hacernos cargo de nuestro progreso y que ignorarlos retrasa las ventajas y la comprensión del momento que estamos viviendo. Al respecto, es necesario decir que no hay obra humana perfecta, pero que los siguientes hechos, vistos en su conjunto, nos permiten enfrentar los retos de las próximas décadas, amparados bajo un sentimiento de la mayor confianza que asegure el consenso necesario para construir un futuro mejor: La Reforma Agraria; la reforma urbana de la que poco se conoce pero que nos convierte en un país de poseedores y propietarios, al contrario de otros en que las propiedades presentan un alto grado de concentración; la derrota de la hiperinflación y el terrorismo; el sostener un régimen económico admirado en el exterior; el mantener vigentes numerosos tratados internacionales de libre comercio y, finalmente, el contar con una nueva industria en el sector agroexportador que bien puede servir de modelo para un desarrollo económico independiente, del que hablaremos más adelante.
Para Reddeportiva.net no solo es necesario ver el vaso medio lleno, dadas las ventajas y beneficios que nos generan los cambios reseñados, sino que debemos poner nuestra mirada en el largo plazo con el fin de consensuar, diseñar, aprobar y ejecutar una estrategia de desarrollo válida para el siglo XXI y siguientes. El Perú vive en estos momentos un nivel de realizaciones y satisfacciones que nos permiten anteponer los intereses de largo plazo sobre las urgencias y beneficios del corto plazo. Estas circunstancias nos urgen ver con entendimiento la necesidad de aceptar de buen grado el cambio de nuestras aspiraciones hacia un desarrollo volcado al interior de nuestro país, como también de la colaboración con el empeño de conseguir la integración de todo el territorio nacional.
Cuando hablamos de nuestro desarrollo social y económico, es importante considerar las condiciones en que se ha logrado impulsar la actividad agroexportadora. Se puede decir que esta actividad económica tiene la importancia del progreso independiente y autosostenido porque su control está en nuestras manos, pudiendo servir como modelo para otros sectores de la producción motivándolos a conseguir dichas características, con el fin de hacernos dueños de nuestro propio destino.
Es así como llegamos al meollo de la presente nota. A lo más importante. Cuando hablamos de un desarrollo independiente, lo que queremos decir es que toda actividad económica que se desarrolle en nuestro territorio debe estar orientada prioritariamente a sostener el interés nacional, contraponiéndose con toda actividad que tenga la característica de enclave económico.
Un claro ejemplo de esta independencia lo tenemos en el sector de la agroindustria, por lo que es nuestra obligación extender dicha característica a todos los demás sectores. Con dicho fin, debemos diseñar una metodología que objetive los factores que, al ser procesados, califiquen a cada sector como alineado con los intereses nacionales.
Por ejemplo, tratándose de la minería, dados los evidentes conflictos que lo están afectando, todo su sistema jurídico deberá entrar en evaluación y negociación con el fin de aprobar nuevos principios que permitan el crear un nuevo orden minero, alineado con los intereses nacionales, que consiga instalar en nuestro territorio mayor valor agregado a la vez que protegemos el medioambiente. Lo dicho es válido también para los otros sectores; aunque no se presenten tan complicados.
Desde una perspectiva personal, se puede decir que el Perú está viviendo un momento histórico de madurez ciudadana equivalente a una segunda Independencia que nos ofrece la oportunidad de enmendar errores del pasado. Desde el momento más difícil de nuestra historia, como fue el de la Guerra del Salitre, ahora podemos visualizar un lento pero sostenido progreso nacional que nos ha conducido a una coyuntura muy favorable en que podemos pensar en la frase de John F. Kennedy que dice: “no preguntes qué puede hacer tu país por ti… pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”.
Con el cariño de siempre.
